Un poco de historia…

 

Aunque existe constancia documental de la actividad de los carpinteros en Sevilla desde el silgo XIV, la organización de su trabajo y el funcionamiento del Gremio no puede ser constatada hasta 1527, fecha de la publicación de las Ordenanzas de Sevilla. En aquel tiempo, el Gremio de los Carpinteros de lo Blanco, -en contraposición con el de los de Rivera o Calafates, dedicados a las labores de astilleros-, se componía de cuatro grupos, especializados por su tipología de trabajo. El de lo Blanco, dividido entre los “de armar”, al ser los constructores de las complejas cubiertas de madera, y los “de tienda”, ocupados en labores más cercanas a la actual ebanistería, que tendrán sus propias ordenanzas desde 1533. El de lo Prieto, expertos en ingenios para oficios y utilidades; el de los Violeros, dedicados a la elaboración de los instrumentos musicales con cajas de resonancia, y el de los Entalladores, consagrados a la construcción de retablos, sillerías de coro, sagrarios y monumentos funerarios. El gremio no solo se encargaba de la organización de los carpinteros y su promoción, de la defensa de sus intereses, sino también garantizaba el trabajo entre sus miembros y el desarrollo de su bienestar económico y social. En su seno, en 1571, se crea la Hermandad de los 7 Dolores y Gozos de Nuestro Santo Patriarca San José, que atendía a sus necesidades espirituales y a al auxilio social de los pobres, viudas o huérfanos de los componentes del gremio.

Las reuniones de la corporación se realizaban en el hospital de Dios Padre, San Felipe y Santiago, en el mismo emplazamiento que hoy se levanta la capilla de San José, y que fue comprado el 18 de noviembre de 1578, por la cantidad de 200.000 maravedíes. El edificio, de ladrillos enfoscados y encalados, contaba con un amplio zaguán, donde se realizaban los cabildos; un patio central, entono al cual se disponían las estancias en doble altura, y una pequeña capilla posiblemente con una espadaña. Sin duda, tras su compra, debieron acometerse diferentes modificaciones para adaptar la vieja construcción a la estética renacentista de finales de la centuria. Casi setenta años más tarde, en 1647, el estado de su fábrica era tan alarmante que tuvo que repararse, dirigiendo la reforma el carpintero Luis Díaz. Éstas no resultaron suficientes, pues en 1687 se intervino nuevamente ante el inminente desplome de su fachada principal. Las obras comenzaron al año siguiente, terminándose en 1701, siendo éstas el origen de la actual capilla. Estuvieron dirigidas por el maestro albañil Pedro Romero. Según Cruz Isidoro, tras el derribo las fachadas de la calle Jovellanos, se levantó el templo, de una sola nave, cubierta por una estructura de madera y una falsa bóveda de cañón con arcos fajones y lunetos, y con capilla mayor semicircular con bóveda de cuarto de esfera. El presbiterio, adornado con gradas de mármol rojo, fue presidido por el antiguo retablo mayor, realizado en 1627 por el maestro entallador Luis de Figueroa, del que actualmente nada se conserva.

La devoción a San José se incrementó considerablemente a lo largo de los siglos XVII y XVIII, lo que dificultó, debido a las reducidas dimensiones de la capilla, que los fieles pudiesen asistir a los cultos, especialmente en las grandes festividades en honor al Santo. Es la falta de espacio, la que lleva a los carpinteros a iniciar una nueva ampliación del templo, configurándose tal y como ha llegado a nuestros días. La decisión fue tomada en el cabildo del 18 de diciembre de 1746, al disponer la compra de las casas que lindaban con el presbiterio y proceder a la construcción de una nueva capilla mayor, mucho más profunda, dotándola de un crucero delantero, un camarín y un trasaltar. El diseño para la nueva zona fue fruto “de los dictámenes de los hermanos, como por inteligentes por profesión en la arquitectura, por pertenecer a la carpintería la fábrica de edificios”. Se tomó como fuente de inspiración una ilustración de un libro, existente en la biblioteca “de una persona de distinción”, en el que se recogían “las obras de un alto arquitecto veneciano de acreditada nota.” La dirección de las obras se las encomendaron al maestro albañil Esteban de Paredes. Fue precisamente las trazas de la ampliación lo que dividió al gremio de carpinteros en dos grupos enfrentados. Unos a favor del modelo propuesto, del que se hizo una maqueta, y otros, en contra del mismo, aludiendo a los errores de diseños producto de la intromisión de los carpinteros en las competencias de los maestros de albañilería. El litigio, que duró desde 1750 a 1753, ocasionó el retraso de la obra, si bien, los altos costes económicos de la misma y la escasez de recursos, prolongó su finalización hasta 1766, con la incorporación de un tramo a los pies de la antigua iglesia y la construcción de la nueva fachada principal.

El 18 de febrero de 1729, la capilla por medio de una bula fue agregada a la Basílica de san Juan de Letrán en Roma.

(Para el siguiente texto se ha seguido el estudio realizado por CRUZ ISIDORO, Fernando: La capilla de San José del Gremio de Carpinteros de lo Blanco. Sevilla, 2015.)

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